September17
Érase una vez en Cusco, un observatorio de planetas al que promociones de colegio solían ir. Este observatorio estaba en la carretera camino al Valle Sagrado, a unos quince minutos de la ciudad. Era grande y habían algunos telescopios apuntando al cielo. Hacíamos largas colas para poder ver la luna con sus cráteres. Qué espectáculo! Pensábamos. Pasó el tiempo porque es lo que el tiempo mejor sabe hacer y volví a visitar este extraño lugar. Oh sorpresa! No era más un observatorio de planetas, era un observatorio de parejas acurrucadas, luces oscuras y alcohol. Fue todo lo que alcancé a ver… Ya no habían más telescopios, ni lunas con cráteres que observar. Pero la historia no acaba aquí.
Después de algunos años, en una isla como aquellas del tesoro, volví a ver la luna. Había envejecido un poco, no la luna, yo. Y ahora miraba el cielo y las estrellas con otros ojos, era un día especial. Fue una visita breve pero memorable. Descubrí que sí importa desde dónde mires las estrellas, y que el cielo que vemos en una parte del mundo no es el mismo que vemos en otra. Que la luna seguirá teniendo cráteres y que las estrellas siempre brillarán con luz propia. Pensé que no volvería a estar tan cerca de ellas en mucho tiempo y disfrute mi visita a este segundo observatorio como si fuera la última.
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September2
Vivir en un lugar, el cual no es legítimamente el tuyo, otorga cierta ansiedad y autoridad para descubrirlo, considerando además que no hay nada determinado sobre la permanencia ni el tiempo, me aboco a comentar cada cierto tiempo, sobre algún lugar o actividad que arbitrariamente consideraré compartir con ustedes.
De las tantas fobias que tengo, una de ellas está relacionada directamente con el miedo al vacío, aún sin un tratamiento que determine científicamente mi miedo a las alturas, el sentirlo es suficiente para intentar superarlo. Justamente, buscando actividades contradictoriamente enfocadas en “no mantener los pies sobre la tierra” me enteré de una en la cual te alejabas del suelo algo más de 300 metros. Basado en mi poca experiencia y conocimiento en actividades deportivas, dispuse mi averiguación sobre el tema: Youtube reveló rápidamente un nombre, Natura Vive; nombre que ya me había dado la oportunidad de sentir altura bajo mis pies alguna vez, que será motivo de otro post.
Indagando un poco más, me enteré que una “Vía Ferrata” no se inventó como deporte, más bien, como un medio para movilizarse durante la Primera Guerra Mundial, en una cadena montañosa llamada Las Dolmitas en Italia. Años después, algunos intrépidos aventureros empezaron a recorrerlas, luego a llevar visitantes, y así se fue expandiendo un poco más en el Viejo Continente. Actualmente, lo más relevante en este deporte esta en España, donde se encuentra la mayor cantidad, algo mas en los Alpes Suizos y un poco en Italia, en todo nuestro continente Americano solo tenemos dos, una en México y otra en Chile.
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